Desde hace algún tiempo viene rondando mi cabeza la idea de estudiar algún curso de postgrado con el objetivo de suplir algunas carencias, sobre todo en aspectos no técnicos, que había notado tras los primeros contactos con el mundo laboral. Una vez analicé las materias que debía reforzar y en qué quería hacer la inversión (no hay que olvidar que estos cursos suelen suponer un desembolso económico bastante grande y por lo tanto hay que estudiarlos como una inversión que deberíamos amortizar en el futuro), comencé a estudiar la oferta de cursos de postgrado y másters que ofrecían las universidades públicas de mi entorno. Y aquí llegó mi sorpresa. Todos los cursos ofertados se impartían en un horario lectivo normal, y con normal me refiero a un horario similar al que se imparten las clases de cualquier universidad. Lo cual es bastante llamativo, dado que la mayoría de los demandantes de este tipo de formación suelen ser personas que se encuentran trabajando (según estadísticas de algunas entidades privadas que ofertan cursos de postgrado, en torno al 85% del alumnado). Teniendo en cuenta estos datos, se deduce que la mayoría de los afortunados que pueden acceder a estos cursos en universidades públicas se pueden clasificar en alguno de los siguientes grupos:
- Estudiantes recién titulados con posibilidades económicas o becados.
- Personas con mucha flexibilidad laboral (menos del 9% de los trabajadores españoles).
Es decir, el resto de personas que no encajemos en alguno de esos grupos tendríamos que recurrir a una entidad privada, con el sobrecoste que eso conlleva. ¿No se dan cuenta las universidades públicas la cuota de mercado que están perdiendo por el mero hecho de no adecuar sus horarios a las necesidades del alumnado?